lunes, 28 de octubre de 2024

Ser personas en relación. La importancia del diálogo y la comunicación en nuestro "estar siendo personas".

La fuerza de estos versos del poeta Benjamín González Buelta, siempre me han convocado a compartir algunas ideas acerca de la importancia del diálogo y la comunicación en nuestras vidas humanas:

Si para decir tú, tengo que ser yo,

y solo puedo ser yo cuando digo tú.

¿Qué se yo, dónde acabo yo, y dónde empiezas tú?

En clases de Ética profesional los estudiantes del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña aprenden a la luz de un sobreviviente de campo de concentración: Martin Buber (Viena, 8 de febrero de 1878 - Jerusalén, 13 de junio de 1965), lo que el diálogo y las relaciones auténticas son capaces de hacer y rehacer en nuestras vidas. Somos en la medida que hay otro que me humaniza. Y que bueno que podamos reconocer que somos en la medida que otro me posibilita ser, porque se pudieran recuperar múltiples imágenes de lo que es educar, pero ninguna como esa experiencia de mismeidad en la que un ser en relación se reconoce humanizado por otro para el que tú eres una legítima persona.

En este sentido es de suma importancia comprender en educación que "nadie da lo que no tiene", de  ahí que ante la racionalidad instrumental e instrumentalizadora que se ha colado con patente de corso en muchas de nuestras prácticas cotidianas bajo la cosmética de "competencias", "indicadores", "instrumentos de evaluación", "informes" y otros "corre, corres" diarios que obedecen a una idea de "ser eficaces", podríamos estar olvidando la más sublime de las aspiraciones de la educación: "formar el ser para el hacer", porque es que si hacemos, sin ser, más que hacer, deshacemos todos los días.

En este tenor, conviene que podamos pensar en eso que hacemos todos los días, porque es ahí en esos hábitos que acaban cuajando en nuestra conducta, en esas costumbres, en esas decisiones que al fin y al cabo generan predisposiciones para "volver a elegir todos los días lo mismo",  que se juega nuestra práctica docente en la virtud o en los vicios: por tanto, es una cuestión de decisiones de manera responsable.

Una de las mejores decisiones que podemos tomar todos los días es volver a lo que las competencias nos recuerdan en el Diseño Curricular del país: "Capacidad para actuar de manera eficaz y autónoma" (Bases de la Revisión y Actualización Curricular, 2016). La capacidad no nace de manera instantánea sino que tiene que ver con aquellas estrategias, habilidades, técnicas, pero también con dotar de oportunidades para el desarrollo de la libertad, para sentir, comprender y crear, que vamos desarrollando en la comunidad educativa en relación con otros, por tanto es una necesidad vital empoderar las capacidades básicas del estudiantado para elegir lo que más les conviene, sin que otros se arroguen la licencia de elegir por ellos.

Entiendo como Martin Buber  que en nuestro mundo hay dos pares de palabras que indican relaciones: Yo-Tú es el primer par relacional (ese yo humanizado y humanizador), frente  a un Tú (que humanizo desde mi, reconociéndolo legítimo en mi vida). Conviene pensar que son muchos estudiantes  a lo largo de nuestra vida que esperan de nosotros esa capacidad para reconocerlos auténticos, legítimos, humanos y personas, que al fin y al cabo es de las mejores capacidades que podemos formar. En cambio hay otro par de palabras que para Buber no indica relación sino un eclipse, cuando interpongo entre mi persona y la otra algo que obstaculiza la expresión más auténtica de la relación, este par de palabras él lo denomina: Yo-Eso.

El "eso" es eso, una cosa, como cuando las personas llaman a otros sin reflexionar "cosito" y no los llaman por sus nombres de manera auténtica y legítima. En este sentido hay algo que se interpone y no deja que fluya la relación de persona a persona: El Yo-Eso, hace a los otros, una cosa, porque de antemano esta persona que hace a los otros una cosa, también lo es. En este sentido conviene pensar: 

¿Soy un maestro que desde mi práctica pedagógica "cosifico" a ese otro (estudiante)?: Yo-Eso, o ¿soy por el contrario un maestro que reconoce en mis estudiantes un Tú humanizado, una persona en relación?: Yo- Tú. Si las competencias y su quehacer cotidiano nos conducen por estos senderos humanos-humanizadores, habremos encontrado nuevamente el camino de una educación que más que un espejo es una fuente.

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